Cuánto te cobra Airbnb en un año, en dinero real

Airbnb se lleva el 15,5 % del anfitrión en cada reserva. Puesto en euros sobre una casa que se alquila varias semanas al año, es una cifra que casi nadie suma de golpe.

Cada reserva de Airbnb llega con una cifra final: lo que paga el huésped. Es la que se ve en la pantalla, la que se compara con la casa de al lado, la que decide si alguien reserva o sigue mirando. La cifra que no se ve en ningún sitio, salvo en la liquidación mensual, es la que se queda la plataforma.

Airbnb unificó su comisión para dejarla en un 15,5 % del subtotal a cargo del anfitrión. Booking se mueve en una banda distinta, entre el 12 y el 18 % según el acuerdo y la categoría del alojamiento. Ninguna de las dos cifras aparece en la reserva como una línea aparte: se descuentan antes de que el dinero llegue a la cuenta del propietario.

15,5 %lo que se lleva Airbnb del anfitrión en cada reserva, desde que unificó su tarifa

Puesto en una reserva concreta, la cuenta es fácil de hacer: cuatro noches en julio, mil doscientos cuarenta euros de precio, ciento noventa y dos euros con veinte céntimos de comisión si esa reserva entra por Airbnb. No es un cargo que se note en una sola noche. Se nota cuando se suma la temporada entera, reserva a reserva, y aparece como una cifra de cuatro dígitos que nadie había puesto encima de la mesa.

El problema no es el portal, es no tener alternativa

El propietario que lleva su casa rural o su apartamento sin más ayuda que un calendario compartido en el móvil no tiene forma de separar al huésped que llega por primera vez del que ya se quedó el año pasado y quiere volver. Los dos entran por el mismo sitio, los dos pagan la misma comisión, y el segundo, el que ya conoce la casa, el que no necesita que le convenzan de nada, paga exactamente lo mismo que si no te conociera.

Eso es dinero que se queda fuera de la vivienda por una razón que ya no aplica a esa reserva concreta: el coste de que Airbnb pusiera esa casa delante de un desconocido. Cuando el desconocido ya no lo es, el argumento para pagar la misma comisión desaparece, pero el cargo sigue ahí porque no hay ningún otro sitio donde ese huésped pueda escribir y reservar.

El que repite paga igual que el que te encontró por primera vez, y eso es la parte que sí se puede cambiar.

Hay además un efecto que se nota menos pero pesa igual: la comisión se calcula sobre el precio que ve el huésped, no sobre el margen del propietario. Los gastos de limpieza, el mantenimiento de la piscina, el seguro del alojamiento, todo eso sale del mismo importe sobre el que ya se ha descontado un 15,5 % antes de que llegue a la cuenta. Cuanto más ajustado sea el margen de la temporada, más pesa proporcionalmente esa comisión sobre lo que de verdad queda libre.

Reserva directa no es dejar los portales

El error habitual es plantear esto como una decisión de todo o nada: seguir en Airbnb y Booking, o montar algo propio y perder el alcance de las dos plataformas más grandes del sector. No es esa la elección. Los portales siguen siendo el sitio donde aparece la casa ante quien no la conoce, y eso vale su comisión. El problema aparece únicamente con el huésped que repite, el que llegó por recomendación o el que encontró la casa buscando el nombre del pueblo en Google: si ese huésped solo puede reservar a través del portal, paga una comisión que no tenía por qué pagar y el propietario cobra menos de lo que debería por una venta que ya tenía hecha.

Lo que cambia la cuenta es tener un sitio propio, con calendario y con cobro, donde ese huésped conocido reserve directamente. El calendario tiene que estar sincronizado con Airbnb y con Booking para que no se produzca una doble reserva el día que alguien bloquea fechas desde un lado y desde otro sin que el resto se entere.

Sin esa sincronización, tener un sitio propio es arriesgado: un fin de semana con dos familias distintas convencidas de que la casa es suya es peor que no tener reserva directa. Por eso el sitio propio no puede ser un formulario suelto ni un correo con disponibilidad aproximada. Tiene que leer el calendario de los portales igual que ellos leen el suyo, en los dos sentidos, para que bloquear una fecha en cualquiera de los sitios la bloquee en todos.

La cuenta con dos caminos

Las mismas cuatro noches en julio, en la Casa del Roble, valen mil doscientos cuarenta euros por cualquiera de los dos caminos. Por Airbnb, se quedan ciento noventa y dos euros con veinte céntimos de comisión, el 15,5 %. Por reserva directa, con la web y el calendario propio, no hay comisión de Airbnb ni de nadie más: el propietario cobra el importe entero.

Montar ese sitio propio tiene un coste, y la pregunta que de verdad importa es cuántas reservas directas hacen falta para que ese coste desaparezca. En un plan de una sola casa, con dos reservas directas al año que antes se habrían ido por un portal, la cuenta ya está cerrada. La tercera reserva directa del año es la primera que entra entera, sin descontar nada.

Fuentes: Tarifas publicadas por Airbnb y Booking, 2026. Informe Lodgify sobre el mercado español, 2026.

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